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Antecedentes históricos.

La novela negra italiana nace en el siglo XX y se va a desarrollar a lo largo de este siglo hasta nuestros días. El primer autor conocido es Carlo Emilio Gadda (1893-1973) con su obra “El zafarrancho aquel de Vía Melurana”, se puede decir que es el autor y la obra iniciadores del género negro en Italia.

Desde el punto de vista histórico, el Estado Italiano entra en el siglo XX como una monarquía, el Reino de Italia, para convertirse a partir de 1946 en La República Italiana. El Reino de Italia fue el Estado surgido tras la unificación de Italia en 1861 y la coronación como rey de Víctor Manuel II. Tras la 2ª Guerra Mundial se convoca un referéndum que gana el sistema republicano debido al gran desprestigio sufrido por la Corona durante la guerra. El 2 de Junio de 1946 se proclama la República Italiana. Tras la 1ª Guerra Mundial y desde 1922 hasta 1943 Italia fue una Dictadura Fascista que tuvo como líder a Benito Mussolini. Y no hace falta insistir mucho en estas cosas, el caso es que todos estos antecedentes monárquicos, fascistas y republicanos van a dejar un buen rescoldo para todas las desavenencias gubernamentales y sociales que va a sufrir Italia hasta la actualidad, y todo esto considerando que Italia es un país avanzado en el europeísmo, en la OTAN desde 1949, en la ONU desde 1955 y socio fundador de la actual UE.

La década de los 70 fue caótica en Italia, la crisis institucional con gobiernos que duraban pocos días se tradujo al principio en violencia callejera y luego en lucha armada. Los grupos organizados de izquierdas usaron el terrorismo como arma para alterar el orden institucional y llegó a su apogeo en 1978 con el asesinato por las Brigadas Rojas del líder cristianodemócrata Aldo Moro. En 1980 es el grupo de ultraderecha Ordine Nuovo, el que pone una bomba en la estación de Bolonia, 85 muertos. A raíz de esto salen a la luz grupos neofascistas, servicios secretos, militares y Logia Masónica. No me digáis que todo esto no deja de ser pura y dura novela negra, aunque tristemente real. Y con estos antecedentes va navegando el gobierno y la sociedad italiana, Berlusconi incluido, hasta nuestros días.

Pero no va a quedar aquí la cosa. Hay otra lacra criminal que sigue imperando no solo en Italia sino en todo el mundo, es la mafia, término con el que se denomina al crimen organizado, que tiene su origen en el sur de Italia, en Sicilia, en donde se autodenominó Cosa Nostra. La mafia ha sido y es una fuente inagotable de sucesos que han traspasado la realidad y han llegado a las pantallas y libros, en películas y títulos que todos guardamos en nuestro recuerdo.

Vemos pues que argumentos y tramas no nos van a faltar en la novela negra italiana, pero antes de entrar de lleno en ella hay que aclarar una cosa que se va a referir a su denominación. El nombre popular para identificar la narrativa negro-criminal en Italia se llama “giallo” que significa amarillo, y proviene de una serie de novelas publicadas por primera vez en 1929, por la editorial milanesa Mondadori, cuyas portadas eran de color amarillo. En un principio eran traducciones de novelas británicas y americanas, de Poe, Conan Doyle y Hammett, anteriormente el género era casi desconocido, y en las décadas de los 30 y 40 fueron aumentando la circulación, a pesar de la prohibición de Mussolini, que decía que las novelas detectivescas norteamericanas ejercían una influencia negativa en los italianos de mente débil.

Pero no podemos decir que la novela negra italiana carece de raíces propias generadas en el siglo XIX, hay que ser justos. La influencia de países como Gran Bretaña y sobre todo de la vecina Francia fue tan poderosa, que no podía pasar desapercibido ese gusto por los hechos delictivos y su publicación seriada. Y de hecho así fue, y se citan nombres que se pueden considerar auténticos pioneros, Cletto Arrighi (1828-1906), Edoardo Scarfoglio (1860-1917), Emilio de Marchi (1851-1901) del que se puede ver en las librerías digitales una obra traducida al castellano, El sombrero del cura Cirilo, y sobre todo Francesco Mastriani (1819-1891), que publicó en 1853, La ciega de Sorrento, traducida al castellano y que también se puede apreciar en librerías de viejo y digitales. También se cita a las autoras Carolina Invernizio (1851-1916) y Matilde Serao (1856-1927), de las que también se puede ver obra traducida al castellano y publicadas por la antigua editorial Maucci, fundada en Barcelona en 1929.

Otro autor del siglo XIX, del que se acaba de publicar, Estremecimiento, en la editorial Gadir en 2015, es Federico de Roberto (1861-1927), escrita a finales de siglo y precedente de la gran novela negra italiana.

En cualquier caso son autores bastante desconocidos y con obra muy antigua, y aunque aquí constan, he decidido comenzar el capítulo con Gadda, reeditado recientemente, y seguir a través del siglo XX hasta nuestros días.

En un principio los autores de novela negra italianos tomaron como modelos la de los países iniciadores del género, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, y no fue hasta después de la guerra cuando los autores italianos comenzaron a escribir giallo con estilo propio. Todo esto se traduce en la escasa nómina de autores en la primera mitad del siglo, escasa pero muy importante porque en ella destacan Andrea Camilleri, junto a Scerbanenco y Sciascia, y en donde me permito otra licencia literaria al añadir a Donna Leon, nacida en Estados Unidos, pero me resulta complicado poner en otras latitudes al Comisario Brunetti y su Venecia natal.

Sin embargo la nómina de autores en los años sesenta y setenta se dispara con numerosos autores y no menos calidad y que continúa con los actuales que están publicando enteramente en este siglo XXI. Y todos ellos teniendo en cuenta siempre que estén traducidos al castellano.

No quiero acabar esta introducción sin hacer la referencia habitual que suelo hacer en cada país sobre la Literatura en general, y en este caso sobre la narrativa italiana en el siglo XX hasta la actualidad. Y desde el principio podemos apreciar un hecho curioso, los autores de novela negra y policial que vamos a estudiar a continuación se entremezclan con los autores más importantes de la narrativa italiana del siglo XX, de tal manera que se cita a Sciascia junto a Italo Calvino (El barón rampante), a Lampedusa (El gatopardo) a Alberto Moravia (La romana, La mascarada), se cita a Scerbanenco junto a Guareschi (creador de Don Camilo), a Umberto Eco con Magris, y de la misma manera a Camilleri y Bufalino con Tabucchi (Sostiene Pereira), posiblemente la causa sea que todos van en la misma dirección literaria.

En el momento actual son tres los autores de referencia en la narrativa italiana: Erri De Luca, Nápoles, 1950, autor de más de cincuenta obras entre las que destaca, El crimen del soldado, Los peces no cierran los ojos, Montedidio y Tú, mío. Federico Moccia, Roma 1963, auténtico fenómeno editorial con sus novelas, A tres metros sobre el cielo, Tengo ganas de ti y Perdona si te llamo amor. Y en tercer lugar Roberto Saviano, Nápoles, 1979, que en 2006 publica Gomorra, en el que describe los negocios de la Camorra y que le ha supuesto amenazas de muerte.

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