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Bosquejo histórico.

 Si la máquina de vapor contribuyó en cierta manera a los cambios que transformó la sociedad británica, en la segunda mitad del siglo XVIII, en la llamada Primera Revolución Industrial, otra revolución y otra máquina, todavía manual, iba a transformar también la sociedad francesa a finales del mismo siglo. Fue la Revolución Francesa y la máquina en cuestión, la guillotina.

Así son los franceses muy dados a los hechos cruentos, pero el caso es que al grito de “liberté, égalité y fraternité”, cortó de un tajo, o de varios, la monarquía absoluta que imperaba por aquel entonces y todas las bases sociales y económicas del Absolutismo y proclamó la Primera República y con ella las nuevas reglas del juego político: el poder recaía en el pueblo.

Estamos en 1792 y las cosas no fueron tan fáciles, el gran Napoleón tenía que tener su sitio en la Historia de Francia y se sucedieron ciclos de República, Imperio y Monarquía. Pero la suerte estaba echada y no había marcha atrás, con la proclamación de la Tercera República en 1870, las cosas volvieron a su sitio, la democracia parlamentaria estableció todas las bases pertinentes para el funcionamiento y consolidación del Estado y comenzó su expansión colonial. Francia entró en la carrera de repartos coloniales junto con las demás potencias europeas y EEUU. Colonias, entre otras, en el Norte y parte occidental de África, Indochina en el Sudeste asiático,  la Polinesia, en fin, lo suficiente para explotarlas y ejercer su influencia imperialista, pero más dura será la caída.

La Tercera República aguantó los envites de la Primera Guerra Mundial, pero no así los de la Segunda. Francia metida siempre en todos los ajos, tras la ocupación de París por las tropas alemanas del Tercer Reich, y una vez firmado el Armisticio, el mariscal Petain, que le tocó bailar con la más fea, fue declarado Jefe del Gobierno Francés, no Presidente de la República, ésta pasó a mejor vida y fue declarado el denominado: Régimen de Vichy.

Luego ya sabemos que pasó, los aliados con la inestimable ayuda de los americanos por una parte y los soviéticos por la otra, derrotan a los alemanes y dejan una Europa medio en ruinas y una Alemania en ruina total. Había que empezar a construir todo de nuevo y en Francia, que no hay tres sin cuatro, de Gaulle preside un gobierno provisional, hasta que en 1946 se instaura la Cuarta República, más de lo mismo para bien o para mal, o mejor dicho para mal pues solo iba a durar 12 años, hasta 1958, algo tenía que pasar. Pues ni más ni menos que las guerras coloniales de independencia de Indochina y Argelia, que hicieron mucho daño en la sociedad francesa, ya lo habíamos avisado.

El caso es que durante esta época a pesar de la inoperancia política, los gobiernos de todos los colores se alternan casi con periodicidad anual, hay un gran crecimiento económico y una sustancial mejora del nivel de vida, tras la dureza de una guerra, la paz es el mejor aliciente, pero va a durar poco.

La guerra de Indochina entre Francia y sus colonias en el Sudeste Asiático, Camboya, Laos y Vietnam del Norte y del Sur, duró desde 1945 hasta 1954, que sumados a los de la Segunda Guerra Mundial y a lo que va a venir después con la de Argelia, fue un sin parar para Francia. Como todas las guerras de Independencia, son complicadas pues hay muchos factores e intereses en juego, sobre todo económicos y políticos. No me interesa ahondar mucho en el tema, el caso es que se perdió, con la consiguiente pérdida de influencia entre otras muchas cosas, por no hablar de pérdidas humanas en todos los bandos. Pero luego vino Argelia y allí sí que se armó una buena.

La Guerra de Argelia, colonia Francesa desde 1834, no fue una guerra convencional al uso, bastante peor, fue una guerra de guerrillas y atentados, de masacres indiscriminadas de población civil, de torturas y violación de todos los derechos, todo esto parece que suena, es como un protocolo para todo lo que va suceder hasta nuestros días: Vietnam, Bosnia, Chechenia, Irak, Afganistán, y la historia continua.

Todo esto comienza en 1954, por un lado el Frente Nacional de Liberación de Argelia (FNL), por otro el ejército francés y las organizaciones de ultraderecha francesa (OAS) y comienza la sangría, el desgaste de los bandos, el horror y el desconcierto de la sociedad francesa por los métodos empleados. Por un lado el Gobierno Francés sugiere negociar para llegar a un acuerdo, por otro lado los ultraderechistas que de ninguna manera, el ejército francés está al borde de un golpe de estado, como solución, que vuelva de Gaulle, su héroe de guerra, a hacerse cargo de la presidencia, el gobierno  que ya está hasta las narices de todo, accede a la petición, y el pobre De Gaulle que estaba gozando de su maravilloso retiro, vuelve a hacerse cargo de la Jefatura del Estado, solicita más poderes en una nueva constitución, que se aprueba, y adiós a la Cuarta y comienza la Quinta República Francesa, en Octubre de 1958 y ahí seguimos.

El 5 de Julio de 1962, con los acuerdos de Evian, se proclama la independencia de Argelia, todo se ha consumado, y parece que fue ayer.

De Gaulle harto de estas movidas coloniales, decide cambiar de política exterior y empieza a mirar a su entorno, la vieja Europa, y el primer paso es hacer las paces con su antiguo enemigo, Alemania, firma con el Canciller Adenauer el Tratado del Elíseo en 1963, y ya no se van a separar nunca más, pues va a ser el germen de Mercado Común Europeo y posteriormente la Unión Europea, y ya estamos todos.

Pero no van a acabar así las cosas para el bueno de De Gaulle y los franceses, otra revolución se va gestando sobre sus cabezas, esta vez no va a ser cruenta, va a ser una revolución política, social y cultural cuyas implicaciones van a salpicar a todo el mundo, es el llamado Mayo Francés del 68.

De una forma simple se puede decir que fue la primera vez que la juventud francesa, sobre todo estudiantes de izquierdas, se manifestó en París en los meses de Mayo y Junio del 68, para dejarse oír en contra de todo lo establecido, que no les gustaba nada, los secundaron los obreros, los sindicatos y partidos de izquierdas, produciéndose unas revueltas que hicieron temblar los cimientos de la República. La consecuencia fue la convocatoria de elecciones y aunque ganó de Gaulle, en el 69, convocó un referéndum en el que planteaba reformas políticas pero que en el trasfondo era un plebiscito sobre su gestión, al salir el NO, de Gaulle desaparece de la escena política, como había prometido, y fin de la historia.

Desde la distancia el Mayo del 68 fue una ilusión, se fue disolviendo como un azucarillo en la maraña del Capitalismo conservador que todo lo puede, quedaron mitos, lemas, músicas y siempre el rescoldo utópico de que unidos se puede conseguir.

Este bosquejo histórico no trata de ser un desparrame intelectual por mi parte, lo único que pretendo saber es como era la sociedad francesa de estos dos últimos siglos, auténtico caldo de cultivo en donde se va a gestar y desarrollar la novela negra francesa, que es lo que verdaderamente nos interesa en este trabajo.

Sería difícil comprender a los grandes autores del siglo XIX, reconocidos folletinistas, que pusieron de moda en la gran prensa los llamados “fait-divers” (los sucesos), por lo general hechos luctuosos que a modo de relatos provocaban en el público francés un interés basado en su deseo de justicia y un cierto morbo inofensivo. Digamos que los franceses tenían una especial sensibilidad a estos hechos criminales, aunque no eran los únicos, los americanos con Allan Poe, incluso los españoles también la sentían guiados de la mano de Emilia Pardo de Bazán y Pedro Antonio de Alarcón, auténticos pioneros de la novela policial española. En cualquier caso resulta curioso que el relato fundacional de la novela policial detectivesca, “Los crímenes de la calle Morgue” de Allan Poe, esté ubicada en París, y que su protagonista Auguste Dupin, sea un Caballero francés condecorado con la Legión de Honor. Y todavía hay más, “La huella del crimen” 1877, del argentino Raoul Waleis, y primer policial en castellano, centra su trama en el Bois de Boulogne, París, lugar en donde es encontrado asesinado un noble parisino. Algo tendrán los franceses.

Si seguimos con el sustrato histórico el Polar francés nace en la primera década del siglo XX, sus autores van a vivir el periodo de las grandes guerras, van a ser muy críticos con la ineficacia de los gobiernos, la mayoría desde posiciones de izquierdas.

Las guerras coloniales y el Mayo del 68 influyeron de tal manera en los autores franceses, que se acuñó un nuevo concepto, el neo-polar, de la mano de Manchette y no se dejó títere con cabeza, muy francés. Daeninckx investiga las atrocidades cometidas por el gobierno francés en la guerra de Argelia, y es implacable. Yasmina Khadra, unos años después, cuenta las atrocidades de una guerra civil, guerra islámica tras la descolonización de Argelia, aunque es argelino, desde el punto de visto literario se le puede considerar francófono.

Y así llegamos al momento actual, donde proliferan los nuevos autores, ya no son tan críticos, ni están tan politizados, las tramas son duras, todavía hay mucho que contar, el crimen como la sociedad también está globalizado, a veces el exceso de publicación denota presión editorial, hay que vender, pero entretienen y eso es lo más importante, tenemos que entender que la novela negra además de crítica social tiene que entretener.

Pero vamos ya a poner un orden a todo esto, vamos a conocer a los grandes protagonistas que son los autores y vamos a ver cómo se va desarrollando la novela negra en nuestro país vecino.

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