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Los pioneros de la novela policial.

Siglo XIX. El folletín.


Los autores franceses de novela policial tuvieron una gran influencia no solo en los autores franceses posteriores sino en el resto de Europa y Estados Unidos, de tal manera que se puede decir que la novela policial francesa junto con la anglosajona es la cuna de toda la novela policial. Crearon una serie de personajes inolvidables, algunos permanecen en el recuerdo de nuestra infancia como Fantomas de Allain-Souvestre, o Rocambole de Ponson du Terrail, o el ladrón de guante blanco, Arsenio Lupin, de Maurice Leblanc, otros  han trascendido en el tiempo y han llegado hasta nuestros días y permanecen todavía en los escenarios como el Fantasma de la Opera de Gaston Leroux.


VOLTAIRE. 1694-1778.

Pero vayamos por partes y demos un salto al siglo anterior, en el XVIII, pues el insigne Voltaire también aportó su granito de arena a esta historia, de hecho se encuentra en alguna antología de novelas policíacas, pero su mayor aportación fue la creación de un personaje llamado Zadig, que aparece en un cuento llamado, Zadig o el destino, que es una fábula oriental en la que Voltaire trata de iluminar los aspectos más oscuros e irrazonables de nuestra civilización. Estamos en el año 1747 y aparece por primera vez el método deductivo, de tal manera que puede que Allan Poe se inspirara en este personaje para crear a Auguste Dupin en “Los crímenes de la calle Morgue”, que Poe llamó un cuento de raciocinio y estableció las bases de la moderna novela detectivesca. También Gaboriau y Conan Doyle pudieron estar influenciados por este personaje de Zadig.

Zadig o el destino y otros cuentos orientales, se publicó en Valdemar en 1999.


Volviendo al siglo XIX, tengo que decir en primer lugar que no todos los personajes que aparecieron en este siglo fueron de ficción, hay uno que pertenece al mundo real y que su vida y hechos vienen a confirmar esa afinidad y gusto que tenía el público francés por las causas célebres y los hechos delictivos.


EUGÈNE FRANÇOIS VIDOQ. 1775-1857.

El personaje en cuestión se llamaba Eugène François Vidocq y el mérito de su vida consistió en que procedente del mundo de la delincuencia llegó a ser el primer Jefe de la Seguridad Francesa. Nacido en 1775, su vida está plagada de robos, violencia, arrestos y fugas. En 1833, su vida da un giro y fundó la primera agencia de detectives de las que se tiene constancia y que estaba formada por ex-convictos como él, y posteriormente fue jefe de la Sûreté. En 1828 escribió un libro de memorias y murió en 1857. Mis memorias, publicada por Libros del silencio en 2012.

Autores como Víctor Hugo se inspiran en su persona para crear al Jean Valjean de “Los Miserables”. Balzac, cuyas relaciones con Vidocq eran excelentes creó a Vautrin uno de los protagonistas de “La Comedia Humana”. Alejandro Dumas padre en “El Conde de Montecristo”, Eugène Sue en “Los Misterios de París”, Paul Feval en “Los Misterios de Londres” y Ponson du Terrail con “Rocambole”, todos ellos reconocidos folletinistas tuvieron en las Memorias de Vidocq una fuente de inspiración continua.

Los dos siguientes autores se desprenden de la Gran Literatura Francesa del siglo XIX, el primero es:

 

HONORÉ DE BALZAC. 1799-1850.

Tours. Máximo representante del Realismo francés y autor de la insigne Comedia Humana, en donde aporta sus vastos conocimientos sobre la sociedad francesa.

En 1841 y como parte de La Comedia Humana, publicó en forma de folletín entre los meses de Enero y Febrero, Un asunto tenebroso, reeditada por Planeta en 2008, intriga política y policial en el que narra el misterioso rapto del senador Clement de Ris, durante el Primer Imperio. Suceso real en el que cambia las fechas e identidades de los personajes implicados. Está considerada como la primera novela policíaca de la historia hecho que comparte con “Los Misterios de la calle Morgue” de su coetáneo Allan Poe, la verdad es que no seré yo quien me meta en esta disputa.


ALEJANDRO DUMAS, PADRE. 1802-1850.

Villers-Cotterêts. Francia. Procedente del Romanticismo francés es autor de obras eternas como “El Conde de Montecristo” y “Los tres mosqueteros”. Siguiendo la tradición francesa era muy aficionado a la literatura de sucesos y hechos reales, hasta el punto de que hizo una recopilación de ellos, entre los años 1839 y 1841 y que publicó con el nombre de Crímenes Célebres  y también aportó al género un relato titulado  El caso de la viuda Lafarge, publicado por Emece en 2008.

El resto de autores que componen la nómina de este siglo en el género policial ya deben su fama y su influencia a la aportación que han hecho en este género.


PIERRE ALEXIS PONSON DU TERRAIL. 1829-1871.

Montmaur, en los Alpes franceses. Es el creador del personaje llamado Rocambole, que empezó a publicar en el diario “La Patrie” en 1857. Las novelas de Rocambole representan la transición entre la novela gótica y el héroe moderno de ficción. El término rocambolesco es una alusión a este personaje e indica algo extraordinario e inverosímil.

El personaje era un aventurero que se inició en el lado equivocado de la ley y que luego se pasó a las fuerzas del bien. Como Sherlock Holmes se valía de un grupo de asistentes, que elegía de varias clases sociales, dispuestos a dejar todo para seguir a su maestro. Rocambole dominaba las habilidades físicas de Oriente y heredó parte de los secretos del Antiguo Tíbet y otras civilizaciones exóticas.

Está publicado en la actualidad por Ediciones B en dos tomos, Rocambole I Los misterios de París y Rocambole II Las hazañas de Rocambole.


EUGÈNE SUE. 1804-1857.

París. Es el autor de Los Misterios de París, publicada en 1842  y El judío errante, ambas son novelas por entregas y fueron publicadas en diversos periódicos de la época. Este autor es hoy prácticamente desconocido, pero en la década de los 40 fue uno de los autores más leídos y más influyente de Francia. Es uno de los creadores de las novelas por entregas publicadas en un diario.

Desde el punto de vista editorial no es un autor que haya calado en ediciones actuales, quizás los seis volúmenes de Los Misterios de París tiren un poco hacia atrás, fueron publicados por Porrua en 1987 y El judío errante en 2002.


PAU FEVAL. 1816-1887.

Rennes.  Otro folletinista de pro, procede de la Bretaña francesa, interesante región que le va a influir con sus cuentos y leyendas tradicionales y en donde localizará muchas de sus narraciones. Ubicado en París a partir de 1836 comienza a publicar en la revista Revue de París. Una de sus primeras novelas, El Lobo Blanco, es la identidad secreta de un héroe albino y se la considera precursora de El Zorro y todas las secuelas posteriores de héroes que recurren al cambio de identidad para hacer justicia. En 1844 y aprovechando el éxito de su antecesor, Sue, publica, Los misterios de Londres, su primer gran éxito. Está protagonizada por el irlandés Fergus O´Breane, en busca de venganza, que recuerda al Conde de Montecristo que Dumas publicará al año siguiente.

Tras su paso por una novela más culta y su posterior fracaso, en 1857 publicará su novela más famosa, El jorobado, publicada en tres partes. Está protagonizada por el espadachín Henri Lagardere y recuerdo las deliciosas películas de mi infancia. En 1862 vuelve a la novela de misterio y publica, Jean Diable, prototipo de Fantomas y en donde crea al primer investigador moderno dentro de la literatura. Jean Diable  también es el nombre de la revista creada por el autor y en donde publicaron otros importantes folletinistas.

También tocó pitos en la novela gótica, siguiendo los pasos de Anne Radcliffe, pionera del género, y publicó “La vampira” y “La ciudad vampiro”. Por si fuera poco, más tarde sufrió una conversión religiosa y escribió libros de esa temática y no acaba aquí la cosa, tuvo un hijo Paul Feval, hijo que fue continuador de su obra.

No sé si este autor estará consagrado con letras de oro en el panorama del género que estamos estudiando, yo creo que sí, lo intentó todo, fue precursor de casi todo, lo complicado es leerlo, pero sus libros no están perdidos, como los de otros autores, están ahí esperándonos, tan solo se trata de buscarlos, tanto en librerías de viejo como en las digitales.

EMILE GABORIAU. 1832-1873.

Saujon. Se le considera el iniciador de la novela policíaca francesa, el llamado polar, (roman policier), aún con ciertos rasgos folletinescos, influencia de Balzac y Poe, escribió en 1863, El caso Lerouge, que es la primera novela verdaderamente larga del género, a diferencia de lo anteriormente publicado que no dejaban de ser relatos cortos. En esta novela aparece Monsieur Lecocq, personaje secundario que tomará después el protagonismo de las historias policiales de Gaboriau que vendrán después, El expediente 113, El honor del nombre, Monsieur Lecoq.

Desde el punto editorial este autor tampoco parece del agrado de las editoriales pues su publicación en castellano es bastante  antigua. Sigamos en las mismas librerías, están.


HENRY CAUVAIN. 1847-1899.

Llevó una doble vida como alto funcionario y escritor. Su carrera como novelista comenzó con, Maximilien Heller, publicada por primera vez en 1871, que obtuvo un éxito considerable y fue reimpresa repetidamente en años posteriores.

Seguidamente publicó una serie de novelas históricas y otras novelas de misterio.

Cauvain también colaboró con varios periódicos a lo largo de su vida, aunque su actividad principal siempre fue la de alto funcionario de Hacienda, carrera que concluyó como tesorero general en Annecy y Evreux.

“En 1871 se publicó una novela cuyo protagonista era un detective privado adicto a las drogas, misántropo, prodigiosamente dotado para la observación y la deducción lógica, experto en química y en las ciencias forenses de la época. Era un maestro del disfraz y sus audaces hazañas eran narradas por su amigo y confidente, un médico. Otro doctor, su maléfico rival, aterrorizaba y fascinaba por igual a nuestro héroe. Contrariamente a las apariencias, este retrato no es el de Sherlock Holmes, ni tampoco nos referimos al Dr. Watson o al Dr. Moriarty, las inmortales criaturas creadas por Conan Doyle. El retrato describe al héroe de una novela francesa titulada, Maximilien Heller, publicada en Francia en 1871, dieciséis años antes que la primera investigación del célebre detective inglés. Ahí queda eso.”

Está publicada en España por la editorial Dépoca en 2015.


MAURICE LEBLANC. 1864-1941.

Ruan. Es conocido sobre todo por ser el creador del personaje Arsène Lupin, Arsenio Lupín para los españoles. Apareció por primera vez en una serie de relatos publicados en la revista “Je Sais Tout”, comenzando en el número 6, el 15 de julio de 1905 y con el título, Arsenio Lupin, caballero y ladrón. La serie completa cuenta con veinte volúmenes a las que deben de sumarse cuatro secuelas autorizadas escritas por Boileau-Narcejac.

Se le puede considerar el descendiente literario de Rocambole, como él, es un personaje que opera desde el lado incorrecto de la ley, y sin embargo no es malvado, todos aquellos a los que Lupin vence son, en todo caso, villanos mucho peores que él. Es entendido en derecho, medicina, sobre todo dermatología, conoce a los clásicos griegos y latinos y sabe de prestidigitación. Su padre fue su profesor de  boxeo, esgrima y gimnasia y también le inició en las artes marciales, completito, y para más inri es un hombre elegante y seductor, muy apreciado por las damas, es Gary Grant casi seguro. Considerado un Robin Hood moderno o como decía Sartre un Cyrano de los bajos fondos.

Desde luego que fue un personaje muy popular en Francia tanto como Sherlock Holmes en los países anglosajones, ya que ambos fueron coetáneos.

Algunas de sus obras están reeditadas recientemente por Edhasa, La Condesa de Cagliostro, La aguja hueca, 813 y Arsenio Lupin contra Herlkock Sholmes.


GASTÓN LEROUX. 1868-1927.

París. Nació en el seno de una familia acomodada. Como todo joven de buena familia estudia una carrera universitaria, Derecho, hereda la fortuna de su padre, se la gasta de farras y cuando se queda sin pasta se pone en marcha, la buena educación siempre deja muchas puertas abiertas. Trabaja como abogado, crítico teatral y periodista, y en 1901 se va a recorrer  el mundo. Pero vamos a conocer su obra que es lo que nos interesa.

El personaje que lanza al mundo literario se llama Joseph Rouletabille, bola de ruleta, pues así parecía la anatomía de su cabeza. Era un joven reportero de 18 años con grandes habilidades detectivescas, basándose en la lógica. Aparece por primera vez en 1907 en, El misterio del cuarto amarillo, y de ahí a la fama con las correspondientes secuelas. El misterio del cuarto amarillo, es una de las primeras novelas de lo que se llama habitación cerrada, un fiambre dentro de una habitación, con todo cerrado, y ahora averigua quién ha sido. Es una trama muy típica de la novela policial y usada por muchos autores. Mis ídolos suecos Sjowall y Wahloo, en las diez novelas que escribieron titularon a una “La habitación cerrada” para volver loco al bueno de Martin Beck.

Su obra más famosa fue, El Fantasma de la Ópera, publicada por entregas semanales en el año 1909, si hay que ser un poco riguroso, que no lo soy, no deja de ser una combinación de romance amoroso, terror, misterio y tragedia, pero poco más hay que decir de esta obra tan manida en cine, teatro, televisión y música, hasta Camilo Sesto hizo una adaptación de la obra en el año 2000, pero afortunada o desgraciadamente no se la dejaron distribuir, cosas de la vida.

El misterio del cuarto amarillo y El perfume de la dama de negro, está editadas por Planeta en el 2009, y El Fantasma de la ópera por Beascoa en 2010.

Y vamos a por el último autor de este ciclo del siglo XIX, en este caso van a ser dos:


MARCEL ALLAIN Y PIERRE SOUVESTRE. 1885-1970 Y 1874-1914.

Son los creadores de Fantomas. No es un hecho aislado en novela negra encontrar autores que escriben a cuatro manos, hay varios casos, de hecho la pareja sueca antes citada así lo hacían, luego veremos que el creador del neo-polar francés Jean-Patrick Manchette escribía a cuatro manos con J.P. Bastid, el gran autor americano Ellery Queen en realidad era un seudónimo tras el que se encontraban dos autores, primos para más señas, y en España no íbamos a ser menos, Jaume Ribera es coautor junto a Andreu Martín de las novelas juveniles del detective adolescente Flanagan y Pablo Bonell Goytisolo con Empar Fernández crearon conjuntamente las novelas del inspector Escalona. Y hay más como ya veremos.

Pero volvamos a Fantomas, que va a ser el auténtico malo de la película. Fue creado en 1911 y apareció en un total de 32 volúmenes. Aparece unos años después de Arsenio Lupin y es su antítesis, Fantomas no muestra piedad ante nadie, disfruta matando y no es leal a nadie, ni a sus propios hijos. Es un maestro del disfraz, utiliza increíbles técnicas en sus crímenes como plagas de ratas infectadas, serpientes gigantes y cuartos que se llenan de arena, en fin, malo, malo,  malo.

Han sido múltiples sus apariciones en cine, historietas e imitado hasta la saciedad, medios en los que ha funcionado bastante bien, pero no así en el editorial, en España la Editorial Bruguera en los años setenta lo publicó y ahora está prácticamente desaparecido.


MARCEL JOUHANDEAU. 1888-1979.

Guéret. Vivió en París desde 1908 y fue estudiante en la Sorbona, donde empezó a escribir. Desde 1912 fue profesor en un colegio de Passy.

Muy religioso, abrazó una forma de catolicismo de corte místico, y toda su vida osciló entre la celebración del cuerpo masculino y la vivencia mortificante de la sexualidad, hasta el punto de que, en 1914, en un arrebato y dejándose llevar por sus sentimientos contradictorios, Jouhandeau quemó todos sus escritos y trató de suicidarse. En 1949 se casó con la bailarina Élisabeth Toulement, amiga de Jean Cocteau y de Max Jacob. Se abrió así un periodo en que se retractó de sus tendencias homosexuales para, más adelante, volver a abandonarse a ellas. Tachado por muchos de maldito, anti judío y colaboracionista, está considerado un «diseccionador» del alma humana, de la que busca sus secretos mejor guardados.

La editorial Impedimenta ha publicado en 2014, Tres crímenes rituales.

Y ahora vamos a ver qué ocurre en el polar del siglo XX. Pero antes de conocer a los autores vamos a dar cuenta de una nueva “revolución” que ocurrió al finalizar la 2ª Guerra Mundial.

Desarrollo
Siglo XX